Kiril Lakota: Cuando el mundo esta en crisis, hace falta un líder fuerte y un guardián de la fe poderoso. Los soviéticos tienen uno así, un fulano de Ucrania trabajando en una mina por motivos políticos. Él no quiere, pero será finalmente el elegido por un grupo de reputados teólogos para calzarse las Sandalias del Pescador, como Kiril I. Por supuesto su Papado no contentará ni a soviéticos ni a Arzobispos. Es lo que tienen los elegidos… que acaban haciendo lo que les dicta su propia conciencia.
Padre Gabriel y Padre Mendoza: Uno tocándole el oboe a los indios, el otro haciéndoles mil perrerías, entre los dos fundan La Misión con vistas divinas a las cataratas del Iguazu. Cuando ordenan desaLojar a estos dos Jesuitas se arma la marimorena y cada uno defenderá lo suyo de la manea que mejor sabe, con la Palabra y con la Espada.
Padre William Michael Logan: El típico cura guapo con problemas de conciencia que se acaba convirtiendo en principal sospechoso de un caso de asesinato por guardar el secreto de confesión y tontear con las feligresas. Sólo Alfred Hitchcock sería capaz de colocar a un presbítero en una situación así.
Don Camilo: Sacerdote cotilla, metomentodo incapaz de asumir que las elecciones democráticas de su pueblo la ganaron los comunistas, dirigidos por el, igual de tozudo, alcalde Peppone. Entre beatos y rojos la batalla de proporciones vecinales está servida.
Fray Guillermo de Baskerville: Otro al que no se le puede invitar a cenar,lo llevas a tu casa y te saca todos los trapos sucios. Lo convocan a un monasterio para hablar de la pobreza de la Iglesia y de Aristóteles y tal y el tío erre que erre que si hay un criminal que si los incunables de la biblioteca, que si el nombre de la rosa y que si el monasterio patas arriba. Al final tiene que venir la Santa Inquisición, que son gente seria , a poner orden en el asunto.
San Dimas: Lo mejor que le puede pasar a un pequeño pueblo con un balneario en decadencia es que por los andurriales del lugar se les aparezca un santo. Y si no pues se inventa, se coloca a José Isbert en las vías del tren, unas bombas de palenque y ya tenemos todos los jueves, milagro.
Marcelino Pan y vino: O como subir de cabeza al Cielo en aroma de Santidad .En los tiempos anteriores a las baguetes y al tetra-brik el rapaz este provocó más conversiones y más fervor religioso que Escrivá de Balaguer y fue responsable que la mitad de los niños españoles quisieran ser santos o en su defecto mártires o beatos.
Lankester Merrin y Damián Karras: Dos teólogos sin miedo. Uno, veterano cura de pueblo represaliado por los nazis y testigo de los horrores del África más profunda, el otro ex –boxeador, que a la muerte del primero resolverá un exorcismo repartiendo Hostias (literalmente).
Sor María: Hay que ver el peligro que tienen las monjas escapadas de los conventos. Usando tácticas sibilinas esta mujer se introdujo en la casa de unos honrados austriacos cercanos al nazional- socialismo, para cuidar de la progenie numerosa de un padre viudo. Tocando la guitarra cual flautista de Hamelin, se lleva a los chavales a trotar por las montañas y cambian el “Lili Marlene” por el “Do, re, mi”. Vamos, de secta total. Por supuesto con sus artimañas acabará enredando al padre para que se case con ella y quedarse con la mansión y las tierras y la tutela de los niños y todos los criados, mientras todos los personajes paulatinamente acaban cayendo en las garras de la cursilería. No, no es la invasión de los ultracuerpos, es la igual de terrorífica sonrisas y lágrimas.

Sor Mercedes: La monja que me daba capones en preescolar por menudencias como lanzar proclamas subversivas (“los curas y las monjas chupan como esponjas”) o contar chistes verdes a las novicias. Estoy seguro que inspiró a George Lucas para crear al Maestro Yoda, otro enano de mal carácter con arrebatos místicos y mano ligera.